Siempre he sentido un especial interés por lo que representa la cocina doméstica, no en el sentido alimentario sino como espacio físico. A lo largo de las diferentes mesas redondas, de las clases y del blog, se ha insistido en una idea bastante definida y, a la vez, compartida: el hecho de que a través de la comida manifestamos una identidad alimentaria. Una identidad que presupone siempre un continuo intercambio de información y que es entendida como una comunicación cultural que se hace mediante la alimentación. Creo que la comida es un elemento de comunicación e interacción interpersonal, pero se está dejando al margen la cocina como espacio físico, en el que también se desarrolla una comunicación, una interacción entre dos o más personas.
Hoy en día, la cocina no sólo se utiliza para preparar alimentos. Personalmente, tengo la costumbre que cuando visito una casa ajena, estoy invitado a comer en casa de algún amigo/a o en casa de algún familiar, el primer sitio al que me dirijo entrando en el inmueble, siempre que se me permita, es la cocina. Allí es donde establezco el primer contacto con los/las anfritriones/as. Puede que me ofrezca una copa de vino, un refresco o cerveza o alguna otra bebida a modo de aperitivo, y empezamos a conversar, a interactuar. Sucede al revés cuando son los otros quienes visitan mi hogar.
A mi parecer, la cocina es el lugar idóneo para iniciar y mantener una conversación, respecto a lo cotidiano o sobre cualquier tema que a uno le inquiete y que desee compartir. En las cocinas se entablan diálogos de lo más curiosos e interesantes, pero también banales. Cuando tenemos necesidad de expresar un sentimiento, un estado de ánimo, ¿qué mejor lugar que hacerlo en la cocina mientras el anfitrión/a está ultimando los preparativos de la comida y te ofrece algo de beber o para picar? En este sentido, la cocina se convierte en un espacio protegido, como si la persona estuviera rodeada de cojines, en el que hablar de según qué temas resulta más cómodo, más íntimo, más cercano.
Muchas de las cocinas gozan en su diseño de una ventana que da a una galería, donde coinciden otras ventanas de las demás cocinas del edificio. A veces resulta gracioso el hecho que, mientras hablamos en nuestra cocina, oímos que en la cocina del piso de arriba o de dos pisos más abajo, también están disfrutando de una conversación amena. ¡De lo que uno puede enterarse escuchando por la ventana de la cocina!
Roberta Shira dice que “il cibo e lo “stare a tavola” sono strumenti per rafforzare l’amicizia, favorire la comunicazione e socializzare”[1]. Pero la cocina como espacio también supone un instrumento más para contribuir en lo que Shira atribuye a la comida y al “estar en mesa” y que debería recibir, a mi entender, tal consideración.
[1] Shira, R.; Cucinoterapia. Curare, accudire, amare se stessi e gli altri con il cibo; Salani editore; Milano, 2008; pàg. 12.