En estas líneas presento el proyecto de recuperación de productos agrícolas cultivados en la comarca catalana del Vallés Oriental durante los años 50 y 60 del s. XX. Muy probablemente, su cultivo pudiera ser anterior pero no se ha realizado un estudio histórico que lo pueda cerciorar. Actualmente, su proyecto es conocido con el nombre deLlavors Orientals (Semillas Orientales). Apuntar que el adjetivo orientales es un pequeño guiño para despertar el interés de las personas. No son semillas venidas de oriente, sino que hace referencia al apelativo de la comarca.
Este proyecto surgió de un profesional de la hostelería, muy conocido en la comarca, llamado Pep Salsetes. Se ha desarrollado en tres fases cronológicas. Una primera fase inicial que se produjo entre los años 80 y 90 restringida a un ámbito local. Una segunda fase, entre los 90 y el año 2000 que abarca la casi totalidad de Cataluña. Y una tercera fase desarrollada en estos primeros años del s. XXI caracterizada por el intento de crear una Xarxa de Graners (Red de Graneros) a nivel de Cataluña que, según el propio Pep Salsetes, no acaba de cuajar.
Alrededor de los años 80, siendo propietario de un restaurante en la localidad de Santa Eulàlia de Ronçana (Vallés Oriental), situada a 40 km. de Barcelona, se encontró con la dificultad de poder disponer y ofrecer a su clientela productos de calidad. Con la aparición de la hibridación en la industria alimentaria tomó conciencia sobre el gusto diferenciador de aquellos productos que no habían sufrido transformación alguna en diversos decenios. Estos productos, tomates, lechugas, judías, manzanas,… de variedades específicas cultivadas en la comarca eran fáciles de encontrar en el territorio hasta el periodo de los años 80. “Todo empezó por el gusto”.
Esta situación tuvo dos consecuencias. La primera, y necesaria para su negocio de restauración, encontrar productos que mantuvieran las prestaciones gustativas deseadas. La segunda, iniciar un proceso de cultivo en un pequeño terreno situado en la finca donde se ubicaba el propio restaurante.
Cada jueves se dirigía al mercado de Granollers, capital de la comarca, donde conoció a un hortelano, Etern Verdaguer, que vivía de la venta de los productos cultivados en sus terrenos todos ellos de temporada. Su encuentro hizo que Pep Salsetes pudiera obtener ciertas semillas de hortalizas y vegetales que respondían a productos que desde los años 50 y 60 se venían cultivando en la comarca.
Esta primera fase se caracterizó por la toma de conciencia de un problema: la dificultad de encontrar productos que respondieran a las cualidades gustativas de siempre. Esta situación hablaba de una realidad cambiante en la producción agrícola y en la industria alimentaria de los años 80. Las explotaciones agrícolas familiares dejaban de cultivar aquello que dos generaciones anteriores habían visto crecer en sus tierras, habían vendido y consumido en el ámbito familiar. Las normas del mercado empezaban a tener un peso muy importante.
Una segunda fase se inició en los años 90 motivada, de nuevo, por una nueva experiencia profesional de Pep Salsetes. Un programa subvencionado por el gobierno de la Generalitat de Catalunya le permitió desarrollar clases de cocina en municipios de Catalunya con una duración de aproximadamente una semana. Esto le puso en contacto con muchas personas y muchos paisajes. Le abrió las puertas de pequeños almacenes de semillas ubicados en las casas de los pueblos, donde la gente mayor guardaba simientes de productos que ya no cultivaban. El contacto con la gente le permitió rescatar y agrupar un conjunto importante de semillas, no sólo de vegetales, sino que la experiencia se amplió al mundo de los frutales.
Este segundo periodo permitió un mayor conocimiento del comportamiento anárquico de las semillas. Complejidades en el desarrollo de la planta que se fueron observando en las cosechas en cada temporada. También se inició un sentido crítico respecto algunas variedades. No todas serían aceptadas en la actualidad por el sentido gustativo. Otras, en cambio, no entrarían nunca por su poco atractivo estético pero sí por su excepcional sabor. Estas evidencias llevaron a una reflexión no tenida en cuenta en los primeros momentos: “no todo lo antiguo es bueno, ni todo lo moderno es malo”. Se empezó a tener en cuenta los rasgos agronómicos y organolépticos.
El trabajo hasta ahora realizado empieza a ser conocido fuera del ámbito local de la comarca. Otros profesionales del sector agronómico empiezan a conocer el pequeño silo de semillas recogidas durante más de 15 años en posesión de Pep Salsetes. Es en estos momentos cuando conoce a Ester Casas, ingeniera agrónoma, preocupada y dedicada a preservar la biodiversidad de especies cultivadas a través de www.esporus.org .
Inicia un nuevo periodo en los primeros años del 2.000. En esta fase entra en contacto con gente y organizaciones dedicadas profesionalmente a salvaguardar la biodiversidad. A través de Ester Casas entra en contacto con los Amics de l’Escola Agrària de Manresa (Amigos de la Escuela Agraria de Manresa), con un grupo llamado Ecollavors que trabajan por la zona del nordeste de Cataluña, con agrupaciones de Tarragona en el sur, etc…
En estos años han intentado crear una Xarxa de Graners (Red de Graners) pero según las propias palabras de Pep Salsetes no acaba de funcionar.
En la actualidad está en marcha un proyecto con la Fundació Universitària Martí l’Humà y el Ayuntamiento de Parets del Vallés llamado Projecte Marineta. El centro pretende conservar y promover las variedades que han encontrado y que encuentran en la comarca con un reconocido arraigo. No sólo es un centro de recuperación y conservación de semillas locales de productos de la huerta, frutales, vid y olivera, sino también un centro de formación en la utilización de estos productos en la cocina tradicional vallesana y catalana.
En estos años posee un granero de más de 8 variedades de tomate, 7 de judías, 4 de escarolas, 5 de ensaladas, 1 calabacín, 1 variedad de guisante, 3 de brócolis, 7 de coles, 1 de acelgas, 1 de espinacas, etc…
Cree que el cultivo de las variedades de toamte cultivadas en la comarca desde hace más de 50 años está salvado. Piensa que es fundamental poner en contacto a productores y consumidores. Para ello organiza una muestra del tomate de la comarca desde hace 1 año: Santa Eulàlia de Ronçana
Este es un pequeño ejemplo de gente anónima, poco conocida fuera de su ámbito local, pero que con su trabajo ha mantenido viva la memoria de unos productos que nuestros abuelos y abuelas pudieron disfrutar. Es una diversidad necesaria de ser rescatada de una pérdida definitiva.
Estos datos han sido recogidos en una entrevista realizada por Berta Roca el día 13 de febrero de 2011 con Pep Salstes en la localidad de la Garriga.