Alimentos y viaje. Una relación cambiante.
Se cuenta que cuando a Apicio le llegó la noticia que en la costa del norte de África se habían pescado unas gambas de gran tamaño, organizó un viaje hasta la actual Libia para poder comerlas. Pocas millas antes de llegar a la costa, se hizo traer unas cuantas a su barco para probarlas y, al ver que no había para tanto, decidió dar media vuelta y regresó a casa.
Esto, para el siglo I d.C. era una exageración superlativa, símbolo de todo el dinero que este gastrónomo derrochó en comida, cosa que lo acabaría llevando a la ruina. Si en la época imperial llegaban todo tipo de alimentos a la ciudad de Roma desde todos sus territorios (aceites, vinos, conservas de pescado, embutidos…), nadie se habría planteado viajar para degustarlos in situ: sólo podría haber ocurrido en los delirios más hedonistas. Y continuó así durante muchos siglos. Al margen de las dificultades de transporte, nadie viajaba por el simple hecho de comer. La comida se convirtió en un factor más, bastante prestigioso, pero nunca el único.
Para nuestros días la historia de Apicio también sería exagerada, aunque no tanto. En todo caso, en la guía Michelin a las supuestas gambas se las calificaría con tres estrellas, un “merece el viaje”. La gastronomía se ha convertido en uno de los principales motivos para viajar, y muchas veces ocupa el primer lugar. El turismo gastronómico se ha segmentado en un producto determinado: vinos, quesos, frutas, verduras, cervezas… Y hasta se ha convertido en souvenir, algunas veces en símbolo casi único de un determinado territorio, su principal eje turístico.
El alimento viajado actualmente tiene mala fama, se le acusa de ser antiéconómico y antiecológico. Ahora es el consumidor el que debe viajar para comer el producto en su propio terroir. Lógicamente ha habido cambios tecnológicos, sociales y económicos que han permitido este viraje radical; pero no son estos el motivo principal.
No sé si es un cambio a mejor; pero en todo caso parece que hemos entendido que el alimento (aún y continuar siendo un alimento identitario, cosa que siempre se ha tenido en cuenta) está íntimamente ligado al sitio donde se ha producido y que si no tenemos consciencia este envoltorio se pierde su esencia. Quiero pensar que es así y no un cambio motivado parcialmente por otros motivos menos idealistas.