Identità alimentari
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01
MAR
2011
Lorea Egaña Martínez

La imagen como fuente histórica y antropológica

            Desde el siglo XIX, considerado por Naranjo (2006: 11) “el origen de lo visual” las imágenes son inseparables de nuestra cotidianeidad. Hasta el punto de llevar a autores consagrados a afirmar que en el siglo XX “una sociedad llega a ser moderna cuando una de sus actividades principales es producir y consumir imágenes” (Sontag, 1973: 215). En la actualidad, y haciendo uso de la expresión que titula un artículo de Luis Calvo Calvo y Josep Mañà Oller (1994) parece que en los países del denominado Primer Mundo, estamos dejando de ser homo sapiens para convertirnos en homo photographicus. Todo el mundo se atreve con la fotografía. Basta con apretar un botón para tener una imagen del momento deseado. Y ya ni siquiera hace falta invertir grandes sumas de dinero, o de tiempo, en carretes y revelados si se quiere tener muchas. Sólo una inversión es necesaria: comprar la cámara. Después la tecnología hará el resto.

            Como recordaba el Prof. Contreras el gasto en alimentación se ha reducido notablemente en  las últimas décadas. Si es más barata pero de menor calidad ese es otro tema. El caso no sería lo que cuesta cada alimento sino el porcentaje del sueldo que se invierte actualmente en comparación a otras épocas, no muy lejanas en el tiempo. Este remanente, fruto de la proliferación del modo de vida low cost, permite viajar, aunque nos parezca poco, lo que para nuestros abuelos era impensable, muchísimo.

            Al turista y al viajero le gusta probar, oler, escuchar, ver y tocar cosas nuevas, y las cocinas de los diferentes lugares que visita suelen resultar, aunque en diferente grado, exóticas e interesantes, más aún si hace turismo gastronómico, enoturismo, o cualquiera de sus variantes. Y como homo photographicus que es, lo fotografía. El correo postal se ha convertido en un medio de envío burocrático o en un romanticismo del pasado. Las postales que tanta ilusión hacía al recibirlas han pasado a mejor vida: recuerdos, colecciones, restos en quioscos cada vez menos abundantes, fuente histórica…, pero cada vez se envían menos. ¿Para qué enviar una postal si se puede escribir un mail y adjuntar las fotos tomadas por uno mismo?, o lo que es mucho mejor, colgarlo en el Facebook, y encima comentarlas con los amigos, ahorrar dinero, y no tener que repetir la misma historia varias veces para diferente gente. En la actualidad Facebook puede ser una fuente útil para la Antropología, pero quizás en un futuro, lo que se escribe actualmente en dicha red social, sea una fuente más de la Historia.

            No obstante, la información que proporciona una postal, no es la misma que la que proporciona la foto de un turista. Una es el punto de vista emic y la otra es el punto de vista etic, por ejemplo, de la cocina regional un determinado territorio o el papel que juega un determinado alimento en el transcurso de una festividad. La primera expone el imaginario de los autóctonos, la interpretación que ellos hacen de los hechos sociales, culturales y, en el caso que nos ocupa particularmente, de los hechos alimentarios que se dan en su propia cultura. Sin embargo, las representaciones de las postales pueden tener un sesgo ocasionado por querer mostrar sólo una parcela de la realidad, la más atractiva de su cocina, la que consideran con prestigio o más peculiar, y utilizarlas como reclamo turístico. La segunda muestra la mirada del extranjero hacia una cultura que le es ajena, y cuya interpretación no tienen porqué coincidir con la anterior. No obstante, el sesgo también está presente. Por un lado, habría que tener en cuenta la intencionalidad del turista o viajero que deviene fotógrafo, aquello que el foráneo ha querido captar con su cámara, que seguramente será lo que más le ha gustado o sorprendido, y dentro de todas la fotografía tomadas, cuáles ha querido mostrar al resto. La elección de estas fotografías se guiarán, en muchos casos, más por lo bien o mal que salen sus protagonistas que por razones de otra índole.

            En mi opinión las imágenes son una valiosa fuente para la Historia y la Antropología de la Alimentación, pero como cualquier otra fuente deben enmarcarse dentro del contexto donde se produjeron y de quienes las produjeron. Una investigación que incorpore la imagen como fuente, lo deberá hacer siguiendo el mismo rigor científico que con cualquier otra, y no dejarse inocentemente encandilar por la belleza, exotismo, curiosidad, o emoción que pueden emanar.

 

CALVO, Luis y MAÑÀ, Josep; “El valor antropológico de la imagen. ¿Hacia el “homo photographicus” (1994) en Fotografía, Antropología y Colonialismo (1845- 2006), Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2006, pp. 205- 212”.

NARANJO, Juan (Ed), Fotografía, antropología y colonialismo (1845- 2006) Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 2006

SONTAG, Susan; Sobre la fotografía, Alfaguara, Madrid, 2006 (1973).

Le identità alimentari in Europa - Longlife Learning Programme/Intensive Programme Erasmus. Per informazioni: info@idealim.eu.