Más calçots
Continuando con lo expuesto por Berta Roca; los calçots son un muy buen ejemplo de extensión actual de una tradición. Tal y como comenta, son un alimento proveniente del sur de Cataluña, concretamente de Valls - una ciudad pequeña y relativamente poco influyente -, que se ha extendido por todo el territorio, desde el Sénia, en el extremo sur, hasta los Pirineos. Y literalmente es así.
Seguramente habrá catalanes que quince años atrás jamás habían visto un calçot y ahora celebran calçotades anuales con familia, amigos o compañeros de trabajo, y lo ven como un ritual de lo más tradicional. La expansión de este alimento ha sido espectacular en este tiempo. Es un alimento de sociabilidad, muy popular.
Ahora es de lo más normal del mundo comerlos en cualquier sitio, incluso en comarcas pirenaicas, dónde nunca ha habido cultivo de la vid (tradicionalmente los calçots se deben cocer con las ramas sobrantes de la poda de la vid) ni de cebollas dulces. Por el contrario, en zonas mucho más próximas a Valls pero fuera de Cataluña como el Bajo Aragón o el Norte de Castellón, dónde el paisaje agrícola es mucho más similar, no se comen.
Nos encontramos, pues, con que se han convertido en un producto identitario catalán (aunque bastante difuso) pero lo ha hecho de una forma muy genuina. Es un alimento muy vinculado a la sociabilidad popular y difícilmente mercantilizable o industrializable. Por eso es muy útil para observar cómo nace y se expande una tradición fuera de su ámbito original, sin ser una creación muchas veces proveniente de la industria alimentaria.